El Desafinado de la familia - Agosto 2020
Mi abuelo Tuta era “el desafinado” de la familia.
Cumpliendo
este rol (como sucede con tantos otros a quienes les toca ese mote) se hacía el
payaso, bromeaba con esto, y toda la familia se reía y lo callaba.
Un
día, a mis 9 años, regresando juntos de Uruguay en el Ferry, vislumbrando las
lucesitas de la costa de Buenos Aires, este gran desafinado cantó a viva voz: “Yo
adivino el parpadeo de la luces que a lo lejos…”
Nos recuerdo disfrutando de ese regreso con su "Volver" ronco y desentonado, su mano pesada en mi hombro, y su risa.
Me
gustó tanto que al llegar a mi casa, corrí a poner en el tocadiscos, el long
play doble, edición De Luxe de Carlos Gardel, que tenía mi papá, y me aprendí
todos aquellos tangos en poquitos días.
Resultó
que el desafinado de la familia, me enseñó el universo tanguero, dejando
impregnado ese momento único de abuelo y nieta, en la cubierta del Ferry.
Cuánto
agradezco que no haya reprimido su canto de voz ronca, fuerte, y desordenada,
con tanto que puede jugar, transmitir, y vincularnos, una voz aunque no sea
virtuosa.

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