Qué es BioCanto? - Noviembre 2018
La voz es la huella
dactilar del alma.
Un sonido particular, un timbre, una tonalidad, y una forma propia de expresarse.
Permeable al paso de los años, madura, se asienta, se agrava, refleja el cansancio, las heridas, hasta los desengaños, como también los viajes, las risas, y el amor. Una voz compuesta por infinidad de colores y texturas, paisajes y climas: la vida misma. Comunica no sólo lo que queremos decir, también lo que no queremos, cómo estamos, de dónde venimos, nuestra vitalidad, energía, tensiones. Podemos escuchar en nuestra voz, el cuerpo y el alma. Esta relación, este lazo entre la emoción, el cuerpo, y la voz, nos integra.
Biocanto® Educación orgánica de la voz, propone trabajar el reconocimiento y vínculo con la voz propia, su particularidad y desarrollo, integrando de modo orgánico el cuerpo y la psique, mediante el uso de diversos lenguajes, volviendo a nuestra voz, disponible, porque para Biocanto®, una voz disponible es una voz saludable.
Descubrir que a nuestra voz cantante la compone mucho más que un montón de notas, que trasciende la afinación melódica, que va más allá del “tener oído”, que la voz tiene un cuerpo, y una historia, que nos han cantado y hemos cantado desde pequeños, y entonces reconstruir nuestra biografía sonora, y poder cantar nuestros deseos, cantar nuestros enojos y llantos.
Organicidad.
El
cuerpo puja por danzar, por marcar el ritmo con un pié, por contraerse en un
grito, o abrirse de par en par en un largo desperezo sonoro. Reencontrarnos con
aquellos movimientos que acompañan nuestra voz desde niños y que fuimos
cercenando, nos permitirá encontrar en el cuerpo la resonancia de nuestra voz,
y en el movimiento, su impulso. Retornar hacia esa organicidad es la llave para
reencontrarnos con la voz propia. Una voz que se ha ido anudando, o que tal vez quedó fuera del coro del colegio,
esperando que vayan por ella. No se trata en la mayoría de los casos de “tener
oído”, sino de re-vincular lo que nos compone, de transitar el recorrido
truncado. De reconocer nuestra vibración, amigarnos con nuestra imagen sonora,
con nuestras tonalidades, ritmos, intensidad. Gritos y susurros, palabras no
dichas y llantos ahogados. Como de niños frente al espejo, reconocernos como
totalidad. Fragmentarnos y pretender que sólo cante la garganta, eso no sería
cantar, eso sería pocamente sonar. En el trabajo de volver a vincular nuestras
partes es que iremos habilitando zonas que para la voz serán espacios de
resonancia, trabajar en la afinación con nosotros mismos.
Disponibilidad.
Disfrutar.
Tal vez esa sea la más linda consecuencia de la disponibilidad: disfrutar, no
quedarnos afuera, con las ganas, contar con nosotros mismos. Que el cuerpo y la
voz como medio para llevar a buen puerto nuestros deseos, estén a mano,
dispuestos, atentos, sensibles y creativos. Biocanto® trabaja la disponibilidad
como signo de salud. Mantener nuestra voz en movimiento, ejercitarla en todas
sus posibilidades (y para esto cantar es un gran ejercicio) es una forma de
mantener nuestras alas disponibles.
Particularidad.
Nuestro sonido: lo particular. La búsqueda de lo particular en la voz. Una voz genuina, cercana a lo vital, a lo propio, y no tanto a la idea técnica de lo correcto, lo sano, lo bello, lo que se exige. En lo único que somos todos iguales, es en que somos todos diferentes. Esa intención de normalizar, de uniformarnos, de sedarnos, de quitarnos las señas particulares, hasta las arrugas, nos lava, nos borra, nos anula. Para Biocanto® se trata del trabajo opuesto, de resaltar lo particular, qué me distingue, y encontrar en esa diversidad, la riqueza.
Desarrollando los fundamentos
de Biocanto® Educación orgánica de la voz, desde 1997.

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