Ponerse la Voz - Mayo 2020
“Ponerse la voz”, de eso se trata el trabajo que propongo.
Al igual que muchos instrumentos, pensemos en un bombo
legüero: cuando golpeamos su parche, el sonido resuena en su interior, y desde
allí, se despliega esa vibración de adentro hacia afuera. Una guitarra, un
piano… de nada servirían sus cuerdas sin ese cuerpo resonante, ese noble
espacio en donde se gestará y multiplicará el sonido antes de que viaje al espacio externo.
A menudo con la exigencia que nos generamos ante la
exposición, nos vamos del eje, ponemos nuestro objetivo afuera (que guste, ser
aprobades, aplaudides, contratades, etc.)
Se trata de generar espacio en nuestro cuerpo, optimizar
nuestra capacidad de resonancia, encontrarnos con nuestro centro de energía,
conectar con nuestra vibración, dentro, y desde allí, desplegarnos al entorno,
al mundo.
Experimento
Les invito a volver la atención a nuestro centro, al origen
de nuestra pulsión vital de expresión.
Cantensé primero para ustedes mismes. En un volumen medio
bajo. Conecten con su vibración. Dónde empiezan a generar el sonido? Visualicen
ese movimiento, que empieza antes de volverse audible, partiendo de una
necesidad, una emoción, una energía, una “inspiración”.
Pálpense mientras suenan: tóquense el vientre, el plexo, las
costillas, el pecho, el cuello, la nuca, el cráneo, sus ojos, las mejillas.
Presten atención al peso, al apoyo en su piso pélvico, en
sus isquiones, en sus pies. Más o menos perceptible, todo ustedes resuenan.
Y será desde allí que podrán ir desplegándose hacia el
entorno. Visualícense alimentando esa resonancia, alimentando su cuerpo sonoro,
si así lo desean (porque podrían no querer, entonces no se fuercen, tal vez
están necesitando ese canto para ustedes mismes en este momento, y ya vendrá el
tiempo de compartir-se).
Observen qué emociones afloran, sin enjuiciarse, dibujen sus
percepciones, con colores.
Es de a poco. Honren su un proceso.

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