La Voz en cuarentena - Mayo 2020
“No hay voz sin cuerpo”.
La voz “es” en este templo de
resonancia que tenemos por cuerpo, que a su vez se ve afectado por su estado
emocional, su carga energética, sus tensiones, su alimentación y descanso. Y
estos estados son absolutamente dinámicos, o sea que nos encontramos en cambio
constante. Por lo tanto nuestra voz se ve modificada, a veces sutilmente y
otras más evidente. Entonces cuando decimos que tenemos “la voz cansada,
agotada, trabada, etc…” lo que realmente sucede es que nos encontramos
cansados, agotados, trabados, etc…
La voz es una resultante de un
cuerpo emocionado, es la forma que que tiene el cuerpo y el alma de hacerse
escuchar. Así mismo, cuando hacemos oídos sordos a nuestra propia voz, el
cuerpo termina por manifestarse de modos cada vez más contundentes.
Dicho ésto, pasaré a situaciones que vienen aconteciendo con la voz, en líneas generales, durante esta coyuntura tan particular.
Una de las más notorias es
encontrarnos gritándole a la pantalla del celular durante una videollamada.
Esto podría estarse dando porque de alguna manera sabemos que el otro se
encuentra lejos y nuestro cuerpo así lo traduce. Pero para el caso, sería bueno
imaginar que la oreja del otro se encuentra en el pequeño micrófono del teléfono,
o sea, a unos escasos 50cm aproximadamente, y así ir regulando el volumen de
nuestra voz. También si tenemos puestos auriculares, sugiero dejarse un oído
libre para tener un registro real del volumen que estamos aplicando.
En los casos donde el teletrabajo
implica muchas videollamadas, les invito a que presten atención a su cuerpo.
Con el correr de las horas tendemos a dejarlo “colgado del cuello”, en “modo
oficina” o “modo escritorio” dónde lo que se ve y trabaja es la cabeza y
dejamos de percibir las necesidades del cuerpo. Si lo dejamos quieto muchas
horas, se adormece, se tensa, se desenergiza, y la energía es la nafta de
nuestra voz, entonces podría suceder que comencemos a sentirla agotada,
disfónica, o con molestias. Prueben entonces con levantarse y estirarse cada 30
minutos, ir hidratándose, e intentar involucrar su cuerpo en la conversación,
moviendo los brazos, las manos, gesticulando. No hace falta exagerar, es
suficiente con integrarnos nuevamente.
Otra cuestión es la voz en la
“omni-convivencia”. Para quienes les a tocado transitar este período con otras
personas, se han presentado muchos casos en dónde tienen necesidad de hablar
asuntos personales y no logran la intimidad necesaria. Tal vez pudieron
expresarse por chat, pero desde luego no resulta la misma descarga que ponerle
su voz, su cuerpo, y su energía correspondientes a la carga emocional del
asunto. De igual modo, con aquellos que callan porque hay niñes en la casa, o
tienen la cuarentena por delante, o vecinos… y optan por el silencio. Con ese
“amordazarnos” nos generamos nudos en la garganta, disfonías, afonías,
tensiones cervicales, entre otros síntomas.
En estas situaciones desde ya
que sería bueno contar con una terapia, volcar aquello que necesito decir,
gritar, sin juzgarlo, en un diario, y también pueden probar con cantar. Elijan
canciones que les resuenen en este momento, y canten. No hace falta que sea
fuerte, pueden utilizar un volumen medio, sobre la música original, y en lo
posible en movimiento, aunque se cansen, les salga entrecortado, raro, o
desafinado, es un gran canal de expresión (que vendría a significar “sacar
afuera lo que presiona dentro”).
Tanto para los que están
conviviendo, como para los que la transitan consigo mismos, así como muchos se
han programado sus clases de gimnasia, o yoga para mantenerse entrenados,
resulta necesario que se ponga en movimiento la voz.
La danza es al cuerpo como el
canto a la voz. Durante el ejercicio corporal llevamos nuestro cuerpo a los
extremos, esto no significa que luego iremos por la vida tocándonos con las
manos la punta de los pies, sino que mantenemos nuestro cuerpo en condiciones
para lo que necesitemos. Lo mismo ocurre con la voz. Hablamos con una extensión
de cinco notas y cantamos con más de veinte. Esto nutre nuestras posibilidades
expresivas y genera vibraciones altas en el cuerpo, como si abriéramos las
ventanas de nuestra casa para que entre el sol.
Ponerse a cantar dos o tres
veces por semana, unos 20 minutos, sepan o no sepan, sean Pavarotis o perros, resulta
muy saludable para cuerpo, mente y espíritu. También pueden jugar con los
karakes que encuentran en internet.
Por último, valorar esta
posibilidad de las videollamadas, entendiendo que no se trata de una presencia
“virtual” como suele llamarse. Virtual, significa “que solamente existe de
forma aparente y no es real”. Estos encuentros a través de una pantalla
contienen mucha presencia. De hecho, cuántas veces hemos estado ausentes, o “en
otra cosa”, compartiendo un mismo sitio? Por lo que una pantalla no nos hace
menos presentes. Cuando sea seguro compartiremos un abrazo y un caf’é, pero en
este largo “durante”, estas pantallitas nos permiten contactarnos y compartir
nuestras vivencias, y no tienen nada de virtual.
A cuidarse.
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