Recibir Gestar y Desplegar la Voz - Abril 2013
En este trabajo nos
enfocaremos en que cada nota vibra en un lugar particular de nuestro cuerpo,
incluso fuera de él, y en conjunción con una vocal se modifica esta vibración.
Por lo cual, cantar un mantra es un modo de pasar repetidas veces por ciertos
lugares, dándonos la posibilidad de afinar muy precisamente la percepción de
por dónde transita nuestra voz, qué nos provoca, qué genera, y cuál es su
recorrido.
Recibirlo. Gestarlo.
Desplegarlo.
Escuchar, recibir, sentir la música que nos
llega, dónde nos toca, sin nos atraviesa o anida, qué nos provoca.
Gestar este sonido, la melodía con bocaquiusa (con m), por
dónde se desplaza dentro del cuerpo, sin intención de proyectar, qué moviliza.
Desplegar, cantar el mantra percibiendo los diferentes tonos,
como entran y salen del cuerpo, por dónde, y cómo se modifica el sonido según
los fonemas, qué nos genera, qué imágenes aparecen, a dónde nos lleva.
Aceptar, tanto el sonido como las sensaciones físicas y
emocionales, registrarlas, observarlas sin emitir juicio. Transitar el estado,
y permitir que continúen modificándose. Invitar a la transformación.
No exigirnos ni forzar nada. Si sentimos agotamiento o
necesitamos respirar, tomar agua, o sonarnos la nariz, incorporarlo, llevarlo
con naturalidad, continuar el canto de modo interno hasta sentir que
podemos volver a cantar. De igual modo, si apareciera el llanto o la risa,
permitir que sea parte del recorrido, intentar cantar-llorando o
cantar-riendo, sin disociarlo ni juzgarlo.
De este modo reconoceremos
el alcance interior y exterior que tiene nuestra voz, y podremos conformar
nuestro cuerpo sonoro, que difiere de nuestro cuerpo físico porque tendrá
otro alcance, otras propiedades, y hasta tal vez, otra forma.
Entonces, más acá de la
intención sagrada que contenga cada mantra, nos genera un estado particular a
cada uno, nos toca en lugares diferentes, nos pinta de distinto color.

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