La vejéz como una forma de crecimiento - 2008
Ana me
recibió en su departamento, donde hasta hace un año vivía con su perra, y años
antes, con Luis, su difunto marido.
Alta, en forma, con
lentes, sus labios pintados (“podría
salir sin bombacha pero no sin rouge”), enérgica, una prótesis en su cadera
que lamenta no la deje viajar en colectivo sola, con ochenta años en su haber,
Alejandra, Marisa, Laura, y Gigi, y cuatro nietos. “Ser abuela es hermoso. La verdad que es la felicidad. Cada nieto es un
milagro” responde con los ojos brillantes.
De todos ellos tiene muchas fotos por toda la casa, y entre el montón de libros que devora: “me encanta leer, leo de todo, me intereso por todo, y los sábados me llega Página 12 y leo hasta el suplemento ciencias aunque no siempre lo entienda; me gusta aprender. (Sita G.Piperno: “mientras tenga algo que aprender me siento vivo”). Tengo ganas de ir a una biblioteca que me queda cerca donde hacen actividades literarias; seguro me puedo anotar en algún taller”.
Nos preparó
un café y se mostró muy sonriente, serena,
entusiasmada por la eventualidad de una visita fuera de su itinerario. Sin
embargo, a medida que me adentraba en el cuestionario, me daba una sensación
que se podría decir miedo, miedo al quiebre, algo de la fragilidad… pero con el
correr de las preguntas me sorprendía esa fortaleza, el aplomo… la certeza. De dónde surgía entonces esta
sensación? Un prejuicio con la tercera edad? La idea instalada de que el viejo
vive en la angustia de la añoranza? Como bien divide las concepciones de la vejez
Ricardo Iacub, para latinos y griegos, es la denigración, la pérdida, lo feo; y
para otras culturas como las orientales y judías, es el respeto y devoción, e
incluyo la escucha, hacia los mayores. Sucede lo mismo en relación a la
sexualidad: Ana me chusmea divertida, que tiene una vecina muy pacata, viuda
también, a la que le cuenta que le gustaría
tener un compañero: “si yo encuentro un
viejito en buenas condiciones de uso…”. Se ríe, y confiesa que fantasea
con la idea. Su vecina se horroriza.
(Y yo confieso que la idea de sexualidad en la tercera edad, es el aspecto que más me ha costado de los textos, pero me divierte también, y admiro la vitalidad en esas experiencias).
La
longevidad en mi familia, no solo me ha permitido conocer mucha historia de
parte de los protagonistas, si no también el descubrir todo lo que nos pueden
enseñar de la vida… el diablo sabe más por viejo… todos se han quedado y quedan
dentro del núcleo familiar hasta sus últimos días. Ninguno a pasado por un
geriátrico, y es algo que nos enorgullece, porque creo que aceptamos también
que no es tarea fácil, pero es resultado de la crianza, el cariño, la atención
que hemos recibido, no? A parte, y no menos importante, de que en todos los
casos ha sido una elección de ellos
mismos. En “La vejez: otra mirada” Alicia Pedro da cuenta de una paciente que
fue llevada por sus hijos y se pregunta “Y mis ganas qué?”. Ya no hay
auto-ridad, autosuficiencia, no hay lugar para tomar decisiones, y la vejez también es una etapa de elecciones.
Aunque en general, los
geriátricos serían, parafraseando a Alicia Pedro, “lugares donde se suele
juntar a la gente cuya muerte se aguarda”, sé que aunque pocos, existen
geriátricos donde los abuelos pueden descansar, estar cuidados y bien
atendidos, recrearse, etc. como la bella experiencia que relata
“Te vas a
reír pero salvo tres que viven lejos y nos las puedo ver porque me cuesta mucho
viajar por la cadera, todas mis amigas
murieron”. Me comenta esto con gran aceptación mientras quedo perpleja en mi silla con la birome en la
mano. Freud sugiere que “si quieres soportar la vida, has de estar dispuesto a
aceptar la muerte” y Lacan agrega “morir es algo que nos sostiene” nos cuenta
Ana sabe que es el último tramo de su vida y trata de ver lo bueno, y vivirlo lo mejor posible. (De esto nos habla Adriana Chercover, en “Vejez, jubilación y el mito social”). Además tiene que arreglar el otro dormitorio que es un desastre, y seguir estudiando. Está conforme con su vida, pero podría haber hecho más cosas: sucede que estudió para perito mercantil, si hubiera sido bachiller podría haber sido profesora, pero tenía que rendir muchas equivalencias y le ganó la vagancia. “Ahora de vieja me arrepiento”. Recuerda la crianza de sus hijos como la etapa de su vida que más disfrutó, “verlos descubrir!”. Se siente satisfecha porque sus hijos se pueden desenvolver ante cualquier circunstancia de la vida, salir adelante. Siente que crió adultos, no se han quedado en la niñez, no son adultos adolescentes. “Al final uno hace lo que puede”.
“La casa. La casa me pertenece” contestó firmemente a una de mis preguntas. “Mi libertad. Puedo disponer de mi libertad”.
“Mi sueño es mantenerme lúcida. No decaer mentalmente, físicamente es
inevitable; además de poder hacer algún viaje, cosa que veo cada vez más lejano” (por la cadera) y reconoce que sus
sueños “se han limitado mucho”. Su
deseo también lo tiene claro: “Hacer lo que quiero”. Entonces,
ubicada en el barrio de Palermo, le encanta caminar por el botánico y “siempre
descubre algo nuevo, un caminito,
una flor…”, dibuja, ve televisión, y muchas películas en dvd; y teje en
invierno. Y me tira respuestas como que el Ser Humano le remite a
(Aunque
Noto que no
hay un patrón evolutivo preciso como por ejemplo en la niñez. Sí hay como una
suerte de dos modelos: uno activo,
que sigue proyectando, disfrutando, y socializando; y en contraposición, uno inactivo, sumido en la abulia, la
nostalgia, la apatía, en una “cajita de recuerdos”, con total desinterés por la
interacción, por algo nuevo.
Traigo entonces a colación el modelo de mi abuela, que poco a poco va quedándose “encerrada”, su desarrollo neuronal queda coartado por dos únicas actividades: comer y dormir. Cada día más quieta alimentando su diabetes y su artritis. Y mi abuelo que también con 83 añejos, se desespera por la actitud de mi abuela, le cuesta mucho aceptar este dejarse estar, porque él no se queda quieto, ni se dio por enterado de su jubilación, y no solo continúa trabajando, si no que genera proyectos continuamente, y a nivel nacional; y por supuesto que maneja fluidamente celular e Internet! Creo que a mi abuelo y a mí, nos encantaría que mi abuela vaya al Centro de Jubilados Toda-vía, y cree sus personajes interiores… pero es su elección.
Quién quiero ser? Hoy puedo elegir; entonces mejoro mi alimentación, y realizo actividad física para mantenerme en movimiento, y disponer de mi cuerpo, de mi independencia, y proyecto una vejez saludable, y la imagino divertida, sumando, creciendo, “alojando una ética del placer más que del deber” como dice Iacub. Siento que este modelo lo llevo en los genes, y que si no me lo preguntaba, iba a parar a ese lugar.
Ana decide. Ana proyecta. Ana
estudia cine en
“La vida es una continuidad” dice Iacub.
Define a la sabiduría como “una
gran paz interior. Vas entrando
en la vejez y realmente te vas poniendo más sabio.
Es una forma de
crecimiento”.
Trabajo final de integración.
Módulo Psicología Evolutiva.
Profesora: Cecilia Torres Garibaldi.
Primera Escuela Argentina de Arteterapia.
Dirección: Alejandro Reisin.
Año 2008.

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