CantoArteTerapia - Diciembre 2013
Nacemos y nuestro alarido es el primer signo de vida.
Y
durante esta vida, nuestra voz comunicará lo que decimos, y también lo que no
querramos decir, traslucirá cómo estamos, física y emocionalmente, nuestra
vitalidad, energía, tensiones, miedos, alegrías… podremos escuchar en la voz,
nuestro cuerpo y alma. Esta relación, este lazo entre la emoción, el cuerpo, y
la voz, nos integra.
Propongo trabajar
entonces, el reconocimiento, vínculo, y desarrollo de la voz propia, de modo
orgánico, integrando el cuerpo y la psique, mediante el uso de diversos
lenguajes, volviendo a nuestra voz, disponible.
Y lo propongo a través
del canto, porque nuestra voz cantada es la amplificación de nuestra voz
hablada[1],
es llevar nuestro sonido hasta las fronteras, elongarnos, pasearla por diversas
texturas, alturas, ocupando distíntos espacios, volúmenes, probando colores,
resonancias, consonancias, disonancias, armonizando, desafinando, atravesando,
vibrando.
La articulación:
canto-arteterapia me parece vital para poder volver visible y tangible a
nuestra voz, así también para escuchar nuestras producciones.
Aquí una experiencia.
Ayelén viene buscando espacio.
Ya por
teléfono, Ayelén me cuenta que venía tomando sus clases de canto en una
habitación muy pequeña y que ella “necesita
espacio”. Al conocer mi estudio se la nota a gusto con el lugar.
Ella
viene de un recorrido artístico con énfasis en lo corporal, de hecho hace mucho
uso del espacio: se tira al suelo, danza, se despereza, curioséa, se estira en
la esfera… pero noto que su voz no la acompaña en este despliegue. Escondida y
agazapada, parece temer ser descubierta.
Ayelén tiene 22 años,
largo pelo oscuro y revuelto, mirada profunda tras unos lentes retro, sonrisa
blanca, y grandes caderas. Estudia teatro y expresión corporal, y ya ha
estudiado canto con anterioridad. Crítica y aguda con su trabajo y con sus
maestros, parece traer un bagaje que no termina de poner en juego durante los
primeros encuentros.
Las huellas biográficas como
presentación de la voz.
Hay una
tarea que antecede al primer encuentro: confeccionar un listado con todas
aquellas canciones que le gustan o que le gustaría cantar, sin prejuicios.
Todas y sólo las vinculadas al deseo. Un “repertorio del deseo”. A partir de
este listado que el alumno[2]/paciente[3]
confecciona, iré seleccionando un posible repertorio como pretexto para ir
filtrando la técnica, pero en base a sus gustos y elecciones, de modo que sea
posible preservar el espacio de disfrute y no se vaya endureciendo el trabajo. La técnica en función de la expresión[4],
y no “la veneración de la técnica”. Que durante el proceso, lo que cante sea
cada vez más fiel, más “afinado” con lo que desée expresar.
Rastrearemos
también la biografía sonoro-vocal. Quiénes y qué le cantaron en su remota
niñez. Qué voces y melodías habitaban su casa, qué canciones se cantaban en el
jardín de infantes, qué se escuchaba en la radio, en la televisión, con qué
canciones se jugaba, se bailaba… desde sus primeros años, hasta hoy. Es
importante pescar aquellas canciones que cantaba,
aunque recuerde solo una frase, o sólo pueda tararear un retazo de melodía. Así
comenzaremos a reconstruir su historia
del canto. Descubrir que su voz está compuesta por sonido, y también por su
historia, su entorno, su cuerpo, energía, memorias, dolores, espacios, huellas,
deseos, miedos, angustias, risas, paisajes… reconocer el vínculo con su voz
propia.
En este
caso, entre las canciones que trae Ayelén, aparecen algunas de The Beatles y de
Norah Jones, que me parecen accesibles para comenzar.
Para vocalizar le acerco
una pelota, la pulpito, típica de las clases de gimnasia del colegio, de goma
marrón y rayadita. La consigna es hacerla picar en la nota más aguda de una
secuencia de cinco notas, poniendo en juego el cuerpo que Ayelén está dejando
de lado al momento de cantar. También resulta un instrumento no convencional
marcando el acento con su sonoro rebote.
Quitar la
atención/tensión de su “deber cantar bien”, y repartirla con la coordinación,
termina liberando a la voz del juez. Canta la motricidad.
Luego canta bajito
Michelle. Casi no se la escucha. Calla. Se enoja.
En el
tercer encuentro, propongo un ejercicio de “llamado y respuesta” en el que debe
escuchar un fonema cantado particularmente, (de tipo tribal, y que irá
cambiando creativamente), y que ella deberá imitar con su voz, y asignarle un
movimiento a cada uno, en simultáneo. Le pido que le ponga especial atención no
sólo a la secuencia melódica, si no a la textura, la onda, y el volumen, que
propone la grabación (porque cantar no es sólo una nota tras otra).
No podremos terminar el
ejercicio. Ayelén se bloquea, no logra integrar el movimiento con el canto.
Fija el cuerpo y silencia[5].
Después de largos
minutos, comparte: “Me angustio y me
paralizo”, y canta con lo mínimo indispensable: Socorro! (Help!, de The
Beatles).
Le entrego el track del
ejercicio de “llamado y respuesta” para que lo vuelva a intentar en la
intimidad de su casa.
Se presenta impenetrable.
Seria,
ofuscada, apreta los labios.
Clausura
la mirada en la hoja. La letra, rebota en sus retinas.
Las
manos en puños, con los brazos carceleros presionando el torso.
Y los
muslos cerrados también.
Esfínteres,
estómago, y por su-puesto: garganta.
Muda.
Mudada.
Hasta
la música parece retraerse.
“El
miedo a la sensación conforma un no”[6].
Decido abrir el diálogo sobre esta situación, y mi propuesta será blanquear y
trabajar las resistencias. Le cuento que probablemente no será cómodo pero
confío en que llevará hacia la transformación. De igual modo ofrezco la
posibilidad de una derivación con algún colega más convencional en la enseñanza
del canto.
Ella elije continuar con
el proceso, aunque se ausentará durante siete semanas.
“Tenía ganas de
retomar” me cuenta a su regreso. Resulta que estuvo cantando en su casa el
ejercicio que se llevó grabado de “llamado y respuesta”[7],
y luego, en algo que podría llamarse como “jugar a la maestra”, tomando mi rol,
sostenida en el vínculo referencial conmigo, lo propuso en su grupo de expresión
corporal. Primero lo cantaron sentados en ronda, y luego le pusieron movimiento,
y es aquí donde ella notó que “el cuerpo
iba por un lado y la voz por otro”. Ayelén se pudo mirar en el cuerpo de
sus compañeros, evidenciando la disociación entre cuerpo y voz[8],
y fue en ese preciso instante que tomó la desición de retomar el trabajo que
iniciamos juntas.
De igual modo, no está
pudiendo cantar una canción completa en clase/sesión, canta dos frases y se
paraliza, quedando inmutable frente al papel con la letra. Empacada, enojada, y
llorar silenciosamente. Me deja afuera, no me participa. Sostengo la presencia.
Estoy.
La no-emisión como mordaza.
No es
lo mismo estar en silencio que callarse[9].
Guardar
algo, esconderlo… solaparlo.
Registrar
el sonido pujante y resistir para que no salga,
construyendo una represa dental,
una mordaza labial,
clausurando hasta el rotro.
También cierra su
cuerpo, hunde su pecho. Rota los hombros hacia adelante, el torso partido en la
cintura, y de nuevo los puños apretados, las piernas cruzadas, la cabeza hacia
abajo. Parece verse el cartelito pendulando: “cerrado”.
El cuerpo
represa como un estar fragmantado.
Frente
a este cuerpo represa, propongo estimular la vibración a través de su voz,
intentando habilitar otra sensibilidad que genere integración.
Vocaliza sentada en una
gran esfera, con las piernas abiertas, los pies bien apoyados, imaginando la
apertura del suelo pélvico sobre el balón, un objeto intermedio, resonante, la
voz amplificada desde su pelvis.[10]
Conectar con el eje
perinéo-coronilla, visualizando un canal que nos conecta con el centro de la
tierra y con el universo, por donde corre la energía vital, la voz…
Om namo naraya naya: un
mantra.
Simple, sin riesgos,
cómodo, sin mayor exposición, una frase breve, incomprensible, para activar el
hemisferio derecho del cerebro y conectar con el sentir. Pudo entregarse a la
propuesta.
Cuerpo Sonoro. Lo sensible de
la voz.
Uno de
los puntos más importantes a desarrollar es lo que llamo el Cuerpo Sonoro.
Registrar mediante la experiencia, que la voz no se ubica solamente en la
garganta (laringe), que es mucho más que ese centímetro en la nuez, donde se
ubican las cuerdas vocales. Que contamos con un cuerpo sonoro-vocal muchísimo
más grande que nuestro cuerpo físico, de las proporciones de un gigantesco
ombú. Una resonancia esférica, (y no sólo hacía adelante como la pensamos
habitualmente, empujada como una voz-megáfono) sino, una voz con ramas y
raíces, amplificándonos en todas las direcciones. Desplegándonos desde adentro
hacia afuera, desde el alma como la savia misma, hasta la punta de las hojas.
Comprender las
dimensiones de nuestro Cuerpo Sonoro, construirá el espacio para el movimiento
de esta voz, permitirá el desenfrascamiento garganta-boca, la liberación, el
juego: la disponibilidad.
Ponernos la voz.[11]
Intensión.
Energía.
Inspiración[12].
Impulso.
Sonido.
Resonancia.
Despliegue.
Podemos
pensar que la voz empieza en la intensión. Y a partir de ésta, generar la
energía necesaria en el cuerpo para su emisión, (porque la voz ES en el cuerpo,
y no hay voz sin cuerpo); luego inspirar, tomar el aire que será sonido,
(porque el sonido ES aire), y con la energía justa y necesaria[13],
impulsarlo desde el diafragma por todo el tracto vocal. Al pasar por entre las
cuerdas vocales, se teñirá de sonido, para resonar (mayormente[14])
en nuestra caja torásica, laringe, y cráneo, y finalmente, desplegarla al
mundo.
Luego de la experiencia
con el mantra, Ayelén me cuenta que al principio se sintió “triste y con vergüenza”, pero que luego se divirtió: “Sentí la voz más real, la pude aceptar”.
Me resulta muy interesante. “Sintió la voz” porque hizo contacto con su aspecto
vibracional, y esto dejó por fuera los imaginarios dando lugar a lo “real”.
Entiendo ésto como un
primer encuentro con su voz.
“Mi niña Lola”[15]
(canción elegida por Ayelén)
Dime
por qué tienes carita de pena (…)
Tú no
me ocultes tu pena, pena de tu corazón
Cuéntame
tu amargura, pa’ consolártela yo. (…)
Pero
Ayelén continúa interumpiendo sus canciones, muteando, enjuiciándose, llorando.
“Hay algo que tengo que soltar para
cantar” descubre.
Cantapintar.
Coloco a mano diversos materiales: lápices, acuarelas, crayones, marcadores, y pasteles. La consigna es que dibuje mientras canta, sobre la misma hoja en donde está impresa la letra, lo que aparezca, reitero, mientras canta. Un dibujo, un fondo de color… lo que sienta, eligiendo el material, color, textura, que mejor represente lo que quiera expresar. La idea es que comparta la atención, que mueva el foco donde viene apoyando la angustia, proponiendo otro tandem diferente a cantar-moverse que es cantar-pintar. Entonces puse la pista instrumental y me alejé para darle intimidad y que no se sienta observada.
Por un momento queda
quieta y silenciosa frente al papel. Luego comienza a cantar bajito y a dibujar algo “acá, allá y en todas partes”
(“Here, there and everywhere” de The Beatles).
Funciona. Canta dos veces la canción hasta que finaliza su primer dibujo. El volumen fue variando pero no corta el trabajo. Decido continuar con el impulso y realizar dos canciones más con la misma consigna (Eleonor Rigby, de The Beatles; y Come away with me, de Norah Jones). Canta durante toda la clase por primera vez sin interrumpirse. Resulta productivo, creativo, y fluído: una niña en hora libre.
Le pido
que apunte y dibuje algo sobre lo acontecido, y se escribe una carta. Esta vez
el encuentro había sido con ella misma. Ayelén se reconoce cuando se integra.
No somos desmembrados.
“Me sentí incómoda en general pero estoy contenta por haberme dejado modificar aunque sea un poco. Me gusta cantar con imágenes, me recuerda a la niñez, cinado todo era una misma cosa, y cuando cada sonido tenía color y forma.
Nena Aye: quiero recuperarte y recordar más cosas de vos, y
sentirte cerca de mí siempre, y que me retes cuando no juego en serio, y te
enojes cuando no te dejo juagr a vos, que me despierte cantando y
desperezándome como un gatito. Que cantemos juntas a los gritos, desafinando y
mirando a los ojos. Te estoy buscando!!”
La voz es un puente. Cuando lo
extendemos, conectamos con el otro, y simultaneamente con nosotros mismos.
Me cuenta
que casi no tiene recuerdos de su infancia. Esta ausencia en su historia, esta
desvinculación con parte de su identidad, parecería que nada tiene que ver con
el canto. Pero sí, y se manifiesta como un corte en su voz: la interrupción. Y
esto en un cuerpo captado por la angustia, por el abandono de lo lúdico, dejado
de lado, un cuerpo no invitado al juego: un
cuerpo penitente.
En el transcurso de este
último trabajo donde integramos lenguajes, recuerda que “de niña pintaba y cantaba a la vez, hacía collage, tenía un montón de
materiales y me encantaba[16];
también escribía. Luego me bloqueé.”
Esta niña que fue y que
no recordaba, nos aparece tal vez como un espacio, una alteridad. Tener
presente que alguna vez jugaba, es una posibilidad para que hoy pueda hacerlo,
un camino alternativo para tomar en el momento en que el espacio de su miedo le
quede chico.
A partir de que trae el
recuerdo del collage, le propongo que elija otra de las canciones de su
repertorio del deseo, y realice uno, continuando con la consigna de hacerlo
simultáneamente con su canto, para que no se quede en un recuerdo. Que lo
reencuentre, se lo traiga a mano, lo reviva.
Elije
“Los Dinosaurios” de Charly García.
Me resulta interesante
que elija un tema de tal densidad y que realice su collage comprometiéndose con
esa realidad cruda y adulta, porque entonces esa alteridad de algún modo se
concreta, ubicándola en su edad actual y sin aniñarla. Esta construyendo un
nuevo espacio, actualizado. De hecho, muchos de los recortes sobresalen del
borde, cruzan los límites de la hoja, y esto en relación al espacio, también me
interesa: se está expandiendo
Le encomiendo entonces la siguiente tarea a partir de otras canciones de su repertorio, a elección: 1) Que para una canción, elija una foto de ella misma y la intervenga. 2)Con otra, escriba una continuación de la historia. 3) Y una tercera, aplique cualquiera de todas las consignas que hicimos, o invente una nueva, y en formato libre.
A la clase siguiente
había realizado por primera vez, toda la tarea sugerida, cantando también por
vez primera, fuera del espacio de clase.
Eligió primero Michelle
(de The Beatles) le asignó una bella foto de sí misma y la intervino dibujándose
largas pestañas verdes y pintando de rojo, una flor.
En segundo lugar escoge Sueño de barrilete (de
Eladia Blazquez) y continuó la historia: “(…)Yo
también quisiera poder volar / como aquel niño que fue barrilete / un día basta
en la vida para sentir / el sueño inmenso de cruzar la libertad / agarrate
fuerte a esa única ilusión / y date aires para largarte. (…)”.
Y tercero: Libre como un
pájaro!, me refiero a “Free as a bird”, de The Beatles, realiza un dibujo en
cartulina donde todo vuela y hay personas sonrientes, con los brazos, manos y
piernas abiertas! (recordemos la cantidad de encuentros que pasamos con su cuerpo
anudado).
Dice: “Lo que estaba sintiendo y haciendo, era lo
mismo. Es loco cuando una imagen va con lo que escuchás. A medida que trabajaba
iba entrando en un mundo”.
Volver
visible y tangible nuestro sonido, mediante la traducción a lenguajes como la
plástica, la escritura, la danza… asignando colores, texturas, imágenes… De
este modo re-vincular lo que nos compone, transitar el camino truncado.
Reconocer nuestra vibración, reconectar con la pulsión vital, amigarnos con
nuestra imagen sonora, redescubrir nuestras posibilidades en tonalidades,
ritmos, intensidades… Retornar a esa organicidad es la llave para
reencontrarnos con la voz propia, afinarnos con nosotros mismos. Como de niños
frente al espejo, reconocernos como
totalidad.
El encuentro a continuación cantó todas las canciones
intervenidas, leyéndolas desde el mismo dibujo, desde su hoja trabajada. Se
percibe la integración de una Ayelén expresiva, danzante, vibrante, creativa,
lúdica, profunda y llena de colores.
“Tengo ganas de cantar ahora. Cada canción tiene una esencia
diferente. Estoy esbozando las cositas que tengo ganas de hacer”.
Disfrutar.
Tal vez esa sea la más linda consecuencia de la disponibilidad.
O la libertad de acción.
O la fidelidad con
nosotros mismos.
La afinación de lo que
deseamos con lo que hacemos, de lo que sentimos con lo que expresamos…
Que nuestro cuerpo y nuestra voz, como medio en este mundo, esté a mano, dispuesto, atento, sensible, y creativo. La disponibilidad como signo de salud. Mantenernos en movimiento, ejercitarnos en nuestras posibilidades, es la forma de mantener nuestras alas prestas a ser desplegadas.
Entonces: una voz disponible es una voz saludable.-
Trabajo Integrador Final
Primera Escuela Argentina de Arteterapia
Directores: Alejandro Reisin y Alicia Boljat
Tutora: Patricia Mercado
Diciembre 2013
[1] Utilizamos para hablar,
aproximadamente una extensión de cinco notas, y para cantar, entre 16 y 32
notas, o más.
[2] Durante años me referí a mis alumnos como “lumnis” creyendo que “alumno” significaba “sin luz”. Pero esta idea a resultado un equívoco, y grata fue mi sorpresa al encontrar en el Diccionario de la Real Academia Española, que deriva del latín “alumnus – alumni”, que “a” no era una preposición, sino que es parte de la palabra, y que ésta significa “educado, criado”. Deriva del antiguo participio “alere: alimentar”, para finalmente aparecer hacia el año 1600 como “alumno: persona criada por otra” según el Breve Diccionario Etimológico Joan Corominas.
Resueno. La idea de alimentar, de participar de la crianza, me resulta más cercano a mi enfoque. Evocando a Eduardo Galeano: “cada persona brilla con luz propia”. Creo que mi función como maestra/terapeuta no es pasar “la verdad” (“sostener un no tener el saber” Arteterapia, Reisin.) sino alimentar la luz del otro.
[3] Para realizar este
trabajo me ubico como maestra/terapeuta, por lo que estoy trabajando con una
alumna/paciente. El encuadre habitual será el de “clases de BioCanto”, el
objetivo será que puedan disponer de su voz/canto, y por el enfoque, mi
formación, y herramientas, el camino resultará habitualmente terapéutico.
[4]Proviene de la palabra latina “expressio, expressionis” que significa
“presión hacia afuera o exprimir”. Me gusta pensarlo como sacar lo que hace
presión, hacia afuera. (“Hay que sacarlo todo afuera como la primavera”,
Piero).
[5] “Ante el silencio, ¿hay
que empujar el sonido o hay que empujar lo callado para que se caiga y dé lugar
al empuje del sonar?” (Arteterapia, Reisin)
[6] “El NO y el SI en el
cuerpo dependerán del minusioso trabajo hacia la búsqueda de la sensación,
hacia el descubrimiento de nuevas sensaciones, de lo no experimentado o
sentido… todavía” (El Pensamiento Corporal, Kessellman)
[7] Sonrío al pensar que de
algún modo también ella está respondiendo al llamado del proceso.
[8] Me encuentro a menudo con
“bailarines mudos” o “cantantes inmóviles”, como si sólo pudiera expresarse un
lenguaje por vez. Propongo explorar cómo se escucha la voz danzante y cómo es
el cuerpo qué canta; invitando a la integración.
[9] “Estar callado no es
estar sin voz, ésta no se escucha como objeto, no es objetivable. ¿Cómo se
pronuncia uno en el silencio?” (Arteterapia, Reisin)
[10] Porque los miro como objetos
sonantes es que pueden sonar. Lo replicante del objeto. “Son las predicaciones
que el sujeto hace del objeto, sugún su prestancia la que otorga (causalidad
circular) al objeto las posibilidades de desempeño del sujeto”. (Arteterapia,
Reisin).
[11] Mayormente cuando me
llaman para tomar clases, dicen que necesitan “sacar la voz”, pero yo intento
acuñar la idea de que a la voz hay que ponérsela, optimizando la capacidad de
resonancia y despliegue como sucede en los instrumentos.
[12] Pocas veces tan
acertadamente dicho: inspiración, palabra en la que coincide la doble acepción
de “introducir aire en los pulmones, y a su vez la necesaria iluminación del
espíritu previa a cualquier creación humana”. (fuente: Etimologías de Chile)
[13] Aplicando nociones de Eutonía:
grado de tensión o elasticidad muscular para realizar determinada acción.
[14] Porque nuestra voz
resuena en todo nuestro cuerpo con mayor
o menor sutileza.
[15] Compositores: Andrés
Molina Molés, José Torres Garzón, y Luis Rivas Gómez
[16] Encantar viene del latín
incantare, que significa en origen recitar o cantar una fórmula mágica o hechizo para uno. (fuente: Etimologías
de Chile)


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