Trampolín - Diciembre 2008

Y de pronto nos encontramos mirándonos los piés,
con los deditos aferrándose al borde del trampolín.
Nos animamos a subir al más alto.

Veníamos bien mientras subíamos la escalera, pero ahora nos recorre el vértigo... entonces se nos escapa en voz alta: para qué me subí!"
Amagamos la retirada pero hay una fila detrás que nos mira más que sugestivamente.

Respiramos.
Observamos el agua.
Volvemos a respirar...
y nos mandamos.

Cuando ya estamos sumergidos, sentimos un placer que va más allá de una buena zambullida...
sentimos el orgullo de haberlo podido hacer, de haber tenido el valor, de sentir el riesgo y animarse.

Entonces volvemos a subir con entusiasmo
y pronto aprendemos a DISFRUTARLO.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Quinto chakra: afinarse con uno mismo - Octubre 2020

Escucha consciente - Julio 2020

"El Nudo en la garganta" - Agosto 2020